El CEO, el súper CEO y el presidente

Lo reconozco, en mi tarjeta de visita tengo puesto CEO. Pero lo grave no es eso, si no que además he puesto “fundador“.

Lo reconozco, me he dejado llevar por la moda de ser guaymolón y moderno. Además lo he extendido a todas las redes sociales en las que participo y creo que incluso en alguna parte del blog también me he pegado esa vacilada.

¿Y sabes que he conseguido? Que mucha gente me pregunte “oye, ¿y que narices es eso de CEO?” A lo cual siempre termino diciendo “pues nada del otro mundo, en mi caso lo que podría ser el gerente de toda la vida”. Y acto seguido pienso “¿y por qué no pongo gerente en lugar de CEO?, ¿y a quién le importa si soy fundador o dejo de serlo?”

Y entonces entro en una reflexión sobre capacidades, retos y metas. Y me pongo a pensar sobre las funciones y responsabilidades de alguien que monta una empresa y tiene que garantizar que ésta funcione, sobre todo cuando también debe asegurar que se paguen todas las nóminas haciendo que el crecimiento sea sostenible y aportando valor a los clientes y a la sociedad en general.

CEO es un término traído de EEUU, algo muy de moda hoy en día que todo el mundo quiere ser Jobs. Ya no nos conformamos con lo nuestro y queremos el apellido Valley para nuestros pueblos y ciudades. Pero no nos damos cuenta de que, lo que implica el término CEO original, aquí se nos queda grande.

En mi caso tengo una consultoría de ecommerce y alguna tienda online. Nada más. Nuestra oficina no tiene despachos y todos trabajamos en equipo. No somos una multinacional, ni tenemos departamentos con jefes de equipo, ni delegaciones, ni franquicias, ni nada parecido. Somos una pyme de toda la vida, entre 15 y 20 trabajadores, un grupo de profesionales llevando a cabo un proyecto. No hay juntas de accionistas, ni reuniones en las que se cortan cabezas. Solo mucha ilusión, pasión por lo que hacemos y muchas ganas de seguir aprendiendo y disfrutando.

En mis tarjetas de visita y perfiles de redes sociales debería poner lo que pone en las escrituras de la sociedad, lo que entiende todo el mundo, lo que realmente define la responsabilidad civil y legal que asumo en el proyecto y lo único que, si acaso, puede diferenciarme del resto del equipo. Debería poner “Administrador” o como mucho “Gerente” y punto. Es decir, el “pringao” al que van a ir a buscar como hagamos algo “chungo”. Vamos, lo que he tenido puesto toda la vida, incluso en empresas anteriores fundadas por mí. Hasta que un día alguien me convenció y me dijo que eso de “Gerente” estaba anticuado y que hoy en día se dice CEO.

Pero desde entonces he visto dos mundos. El mundo tradicional de la gente que no entiende lo de CEO y cuando se lo explicas te mira con cara de decir “este tío es idiota”, y el mundo “moderno” de la gente que le da más importancia a la forma que al fondo.

En ese “nuevo mundo” en el que está de moda presentar las empresas a los inversores, en 3 minutos, oiga!!! y en el que mucha gente (no toda) se esfuerza más en hacer un monólogo gracioso, digno del club de la comedia, que en presentar un modelo de negocio viable, sostenible y escalable, la pregunta que siempre se escucha es “¿quién es el CEO?”.

Entiendo que lo que realmente quieren saber es quién va a asumir la responsabilidad de la fiesta, ¿o quieren saber quién es que el ha tenido la idea y la va a desarrollar? Porque claro, son cosas diferentes. La idea la puede haber tenido alguien que tiene cero experiencia en crear y desarrollar una empresa, ¿se va a poner de gerente en la sociedad? ¿Va a estar preparado en garantizar ese crecimiento y crear un equipo, buscar y retener talento y monetizar la idea hasta el punto de asegurar las nóminas y gastos que necesite la empresa?

También puede ocurrir lo contrario, un gerente que sea capaz de hacer su trabajo con responsabilidad pero que no tenga la “chispa” de hacer de una idea una empresa rentable.

Bienvenidos al mundo en el que cualquiera puede ser CEO, o incluso súper CEO si consigues “levantar” (menuda palabra fea), a un grupo de inversores, unos cuantos cientos de miles de euros. También puedes ser Presidente si te lo propones, aunque sea de ti mismo.

Ahora fuera de bromas e ironías. Puedes poner lo que quieras en tu tarjeta de visita, lo realmente importante es la responsabilidad civil y legal que vas a asumir en el momento en el que te constituyes como sociedad. Bueno, también será importante el pacto de socios que hagas (si lo haces) en el momento en el que consigas socios trabajadores o inversores. Esos dos puntos definirán tu grado de responsabilidad y tu capacidad de decisión en el proyecto.

Olvídate de las etiquetas, no son nada más que un escaparate, una frivolidad para presentarse ante otros. Céntrate en el objetivo de cualquier empresa, la rentabilidad. No olvides tampoco tus valores y los que quieres trasladar al resto del equipo. Eso es lo que vale.

Ahora se me ha creado otro dilema ¿Dejo las tarjetas como están? ¿Vuelvo a poner “Gerente”? o ¿Quito todo y solo dejo el nombre?

Pero bueno, ya veré en otro momento lo que hago que hoy es domingo, la familia se está despertando y ahora tengo cosas más importantes que hacer que pensar en esto 🙂

69 comentarios en “El CEO, el súper CEO y el presidente”

  1. GENIAL, JAVIER…
    Me ha encantado… He llegado a ti porque hoy estaba en el mismo diléeeeema…
    Ja, ja….
    UN saludo y buen finde…

  2. Pingback: Diferencias entre CEO, managing director y presidente. ¿Quién es el “top dog” o “mandamás” de la empresa? | José Luis Guillamón

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