Quiero volver a ser comercial

<Actualizado el 1 de mayo de 2017> 
<Escrito el 1 de mayo de 2013>

Soy comercial de vocación. Me encanta el mundo de la venta, la negociación, el trato humano con un posible cliente, la gestión post venta, convertir un lead en un amigo con el paso de los años. Muchos de mis mejores amigos de hoy en día no son compañeros del colegio si no gente que se cruzó en mi camino en mis diferentes etapas laborales. De casi todos recuerdo nuestro primer encuentro en el que les iba a vender algo o íbamos a negociar algún trato y hoy compartimos muchas más cosas.

Comercial de vocación.

Formalmente empecé a ganar dinero con la venta a los 18 años (hace ya 25), recién salido del internado de Murcia en el que estudié (San José de Espinardo para más señas). Vendía bolsas de plástico por paquetes, sí, como suena. Las compraba en un almacén por sacos. Cada saco podía llevar entre 20 a 30 paquetes y cada paquete contenía entre 100 a 200 bolsas, si no recuerdo mal. Bolsas blancas o verdes de asas para carnicerías, fruterías, y comercios varios. Bolsas sin asas transparentes de todos los tamaños para todo tipo de cosas. Me encantaba vender bolsas!!!

“Hola, soy comercial de bolsas de plástico” decía yo nada más entrar al comercio “¿es usted el gerente?” Entonces no había CEO’s jejeje.

Ya que la mayoría de mis clientes eran comercios, poco a poco fui incorporando más productos de otros proveedores que les podrían servir, como porta-precios para los mostradores, máquinas expendedoras de turnos para las colas, papel para envolver la carne, el embutido o el pan, etc, etc.

Yo me hacía mis listados de precios y mis catálogos a mano. No tenía ordenador, bueno si, un viejo Amstrad monocromo 8086 de mi padre y una impresora matricial con la que imprimía los listados. Después me hacía folletos a mano recortando fotos y pegándolas en plan collage para luego fotocopiarlas en color en cualquier copistería. Lo recuerdo y me siento viejo jajajaja.

Todo esto lo hacía mientras en el instituto nocturno terminaba de sacarme dos asignaturas que me quedaron pendientes de aprobar de COU en el internado. Y ya puestos me fui preparando la selectividad en una academia para poder entrar en la universidad.

Yo quería estudiar Bellas Artes, o Diseño “Asistido por Ordenador” (en aquella época se llamaba así), o INEF (educación física), pero mi padre quería que estudiase empresariales y siempre estábamos discutiendo. A mi eso de empresariales me sonaba a lo más aburrido del mundo, y a él eso de Bellas Artes o Diseño le horrorizaba y me decía que acabaría como los bohemios pintando cuadros en la explanada.

Total, que al final mi nota media de selectividad no me dio para lo que yo quería (5,74) y no pude entrar en ninguna de mis preferencias. Nunca supe si pude haber entrado en empresariales porque sinceramente ni me importaba (curioso destino viendo que hoy soy empresario).

Tuve un intento de estudiar Criminología en la Facultad de Derecho, pero … Ejem, ejem, hice el primer curso pero aquello no era lo mío y lo dejé.

Seguí vendiendo, que me encantaba y encima me ganaba un buen dinero. Vendí generadores de ozono, material de boxeo, seguros de vida en Mapfre como comercial comisionista y otras cosas que iban surgiendo. Todo aquello por cuenta propia.

Como en aquel momento también estaba con los entrenamientos y la competición de boxeo, me saqué el título de monitor de musculación y me puse a trabajar unas horas en el gimnasio dónde hacia pesas (así me salía gratis el entrenamiento). Entrenaba y hacía de monitor en la sala y luego a patear la calle y a vender para acabar el día en el gimnasio de boxeo por la noche y terminar de tirarlo todo. Era joven, aguantaba lo que me pusieran encima (que tiempos aquellos).

Luego me contrataron de comercial en telefónica para vender el famoso Hilo Musical (pero el de aquella época en la que no existían los MP3 ni nada por el estilo y no se vendía por internet como ahora si no haciendo puerta fría en comercios) y fue dónde conocí lo que era trabajar para otros, tener objetivos de ventas, presión mensual y trimestral, jefes, jefes de jefes, jefazos y “capos”. Reuniones territoriales y cursos de ventas en los que nos explicaban la importancia de detectar necesidades (en aquel momento me sonaba a chino). Me aburría la burocracia y la política de las grandes corporaciones, pero me encantaba vender.

Además empezaba internet y me enganchó. Los chat del IRC, las primeras webs con gifts animados, los primeros foros y grupos. Era todo un descubrimiento con un potencial para vender alucinante.

Pero algo más de un año después, el mundo había cambiado, el servicio también y un buen día me pusieron de patitas en la calle en Telefónica y me tuve que buscar la vida ¿como? Vendiendo. Pero entonces fue cuando mi vocación salió a la luz en forma de retoque fotográfico y más adelante de diseño gráfico y web.

Totalmente autodidacta y sin ninguna formación me puse a hacer trabajos por mi cuenta y a venderlos. Reconozco que era mejor vendedor que diseñador pero quería aprender y quitarme la espinita de no haber estudiado. Pero en Alicante, más allá de algún cursito que otro, tipo Photoshop o similares, no había mucho más a lo que yo pudiera acceder, así que decidí buscarme la vida en Madrid.

Allí también tuve que vender, pero en esta ocasión me tuve que vender a mi mismo. Noooo, no pienses mal, me refiero a que quería entrar a trabajar de diseñador en alguna agencia o estudio, pero no era bueno como diseñador, así que tenía que venderme como que quería serlo y deseaba aprender (eso era totalmente cierto). En menos de una semana ya estaba trabajando y estuve más de un año y medio trabajando de diseñador, enseñado por mi jefe y compañeros (hoy amigos algunos).

Un día decidí volver a Alicante y entré de diseñador gráfico en Panama Jack, pero no duré mucho. Esto del diseño me gustaba pero veía que yo no era bueno y quería volver a la acción comercial.

Así que nuevo salto, y allá por el 2.000 entré a trabajar de comercial en CESSER, una empresa certificada por IBM (hoy desaparecida después de haber llegado a tener más de 300 empleados) en la que implantábamos servidores y ERP de Navision. Algo que a mi me sonaba a chino mandarino y que tuve que aprender para poder venderlo.

Si lo de Madrid fue un Master en diseño gráfico, publicidad y artes finales, lo de CESSER fue todo un Master en informática. Además empezábamos a “tontear” con implantaciones de comercio electrónico de aquella prehistoria.

Fue una época brutal, apasionante, intensa a más no poder. Además, ya que sabía algo de diseño, de internet y tenía mis propios ordenadores, a la vez que vendía CESSER, hacía alguna venta de mis servicios de diseño que luego me curraba en casa por las noches.

En esa época mi cabeza estaba hecha un lío. Por un lado quería seguir vendiendo pero por otro seguía teniendo clavada la espinita del diseño y quería seguir aprendiendo a diseñar.

Un buen día me surgió la oportunidad de presentar mi candidatura en Inditex-Tempe (Elche) como diseñador gráfico para Massimo Dutti, así que me presenté allí y me vendí, con tanto éxito que me compraron jejejeje. La vedad es que la persona que me entrevistó, que luego fue mi jefe, creo que no supo ni lo que había comprado ni lo que yo iba a hacer allí. Lo cierto es que, 6 meses después, a mi jefe junto a otro compañero y a un servidor, se nos ocurrió montar una empresa juntos y pasamos de ser compañeros a ser socios.

El reto fue venderle la idea a los primeros clientes, pero bueno, eso se me daba bien y lo conseguimos. Pero entonces ya no sabía si era comercial, diseñador, empresario u hombre orquesta. Era mi primera experiencia como empresario con socios y la verdad es que todo pasó muy rápido y cuando nos quisimos dar cuenta ya teníamos hasta empleados trabajando. No solo había que vender si no que teníamos que gestionar personal, finanzas, proveedores, clientes, y lo que resultó más complicado, entendernos entre nosotros.

Me había convertido en empresario sin tener ni puñetera idea de lo que estaba haciendo y no habiendo querido estudiar empresariales como le hubiera gustado a mi padre. Además me creí el rey del mambo y creamos otras dos empresas, una de ellas una agencia de publicidad y diseño web. Y como no podía ser de otra manera, y ya conté en otro post anterior, 4 años después y tras facturar más de 4 millones de euros, nos dimos la torta del siglo y se fue todo al carajo.

Menos mal que un año antes de darnos la torta yo había empezado a estudiar un MBA de dos años en Fundesem (hoy tengo el gran orgullo de ser profesor en esa escuela de negocios) y adquirí la formación necesaria para saber cómo cerrar aquella locura y darme cuenta de que lo estaba haciendo todo mal (que era casi todo). Además descubrí que esto de estudiar temas relacionados con la empresa también me gustaba y era de vital importancia si quería volver a intentarlo.

Una vez cerrada la empresa oooootra vez vuelta a empezar.

Intenté crear una marca de camisetas que se llamaba yoloflipo (hoy es un proyecto de tienda online que tenemos parado y pendiente de reenfocar), pero para pagar mis deudas y poder sacar este proyecto adelante tuve que vender de nuevo. Vendí temas de diseño gráfico, diseño web, retoques fotográficos, trabajé en una empresa de sillones vendiendo a tiendas y creando una red comercial, e hice infinidad de movidas para salir adelante.

El Master me había enseñado que esto de montar una empresa no iba a ser tan fácil y que lo que de verdad se me daba bien era el mundo de comercial. Así que, cuando un amigo me propuso vender móviles de Vodafone, yo acepté el reto.

Y esto de la tecnología me encantaba, y además de vender empecé a descubrir mil posibilidades que iba a tener la telefonía y la movilidad de datos. Las primeras blackberrys y smartphones eran apasionantes, “ordenadores con internet en tu mano”, guau!!!

En mi etapa de Vodafone pasé por todos los palos, comercial, jefe de proyectos, creador de productos, jefe de ventas, formador, director comercial. Me encantaba. Se unía la venta al mundo tecnológico, internet y algo de diseño. Además fui descubriendo y soltándome con la formación.

Dos años después, y una vez conseguido mi objetivo de pagar la parte más importante de mis deudas y mis préstamos, decidí dejarlo todo y volver a ponerme por mi cuenta. ¿Cómo? Vendiendo jejejeje.

Me puse a vender todo lo que había aprendido: Asesoramiento a empresas para supieran aprovechar mejor internet, formación comercial a equipos de ventas, formación en negociación a jefes de ventas, y hasta dominios, hosting y diseño web.

Así empezó lo que primero se llamó Logocomunica y años después se convirtió en kuombo. Con mi socia Laura (@lauracastll), en el año 2008, sin tener ni idea de lo que era un inversor, un business angel ni nada parecido, pero con muchas ganas de emprender, de vender y con mucho futuro por delante. Sin un duro, en pleno inicio de una crisis mundial y capitalizando el proyecto vendiendo servicios, sin ninguna inversión ni financiación de ningún tipo.

A base de ventas, y teniéndonos que trasladar a Valencia en 2009 para tener más posibilidades de sobrevivir, en estos casi 9 años se ha ido creando un equipo de profesionales que ha cambiado varias veces y se ha ido adaptando a las necesidades de la empresa en cada momento. En este tiempo se han subido al barco otros dos socios en pequeños porcentajes, Ricardo Carmona y Javier Peris, que han sumado valor y han aportado sensatez a esta locura. Hemos pasado de vender dominios y asesoramiento de cómo configurar el correo corporativo de las empresas en sus dispositivos móviles, a vender desarrollos de comercio electrónico y hasta tener tiendas online propias. Y ahora que somos una agencia de marketing enfocada a proyectos de venta online, pero con el recorrido y la experiencia de haber sido desarrolladores, comerciantes y asesores, he descubierto algo importante en mi vida…

que lo mejor de todo es que, a pesar de haberme convertido en empresario, he vuelto a ser lo que quería ser, comercial.

Ahora soy el comercial de mi propia empresa, ahora invento nuevas líneas de negocio que desarrollamos en la empresa y luego vendo los productos y servicios que creamos, pero con la ventaja de que ya no soy yo el que los hace, si no que tenemos la gran suerte de estar rodeados de grandes profesionales que sí que saben muy bien lo que se llevan entre manos.

Ahora soy el comercial de los servicios que hace el equipo que hemos creado. Ahora soy el comercial de mí mismo y eso me encanta. Y lo mejor de todo es que el producto final que vendo es de calidad porque no lo desarrollo yo si no los que realmente saben hacerlo.

Quiero volver a ser comercial, y empresario claro, porque he creado la empresa que vende los servicios que quiero vender, pero nunca más dejaré de ser el comercial que me hace sentirme realizado.

Esto de tener una empresa es apasionante, pero el día que deje de vender, el día en el que me tenga que meter en un despacho o me tenga que poner delante de un ordenador a diseñar o a programar, entonces me marchitaré y desapareceré. Y eso que el diseño y la programación me encanta, pero como asumo que soy un zoquete prefiero que lo hagan los que realmente saben y yo dedicarme a lo que me gusta, que es crear ideas, desarrollar conceptos, inventar modelos de negocio y estar con los clientes 🙂

Y a ti ¿te gusta vender?

 

43 comentarios en “Quiero volver a ser comercial”

  1. Enhorabuena Javier, es reconfortante leer tu artícculo, que vocación tan clara y persistente, eso no abunda por ahí. Excelente tu capacidad para superar situaciones “delicadas”.

  2. Pingback: Vender servicios es algo más que vender. Javier Echaleku – Pasión ecommerce – Kuombo.com

  3. Si amigo Marcos. Claro que hay historias apasionantes de mucha gente que no se cuentan, por eso yo tengo una sección en el blog en la que cuento historias de otros. Me encantan las historias personales de la gente, saber sus vivencias, cómo ha conseguido las cosas.
    Soy muy curioso y me gusta llegar al principio de los asuntos para entender el presente.
    A ver si un día te animas y me cuentas tus aventuras y escribimos algo juntos :)))

  4. Ayyyyy amigo. Todos tenemos nuestras historias pasadas, incluso hasta pueden llegar a ser más interesantes que la tuya, pero… que bien las cuentas perraco. Un abrazo amic

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